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Gou Nian

La Fiesta de la Primavera es en China lo que las Navidades en occidente... el momento más feliz del año.

Se trata de la fiesta más señalada para los chinos en todo el mundo, también conocida como "Nian",

aunque no mucha gente sabe que Nian es el nombre de un monstruo de la mitología china. 
Había una vez una feroz criatura llamada Nian que vivía en las profundidades del mar.

El ser mitológico es retratado como mitad dragón, mitad unicornio. Según la leyenda, en la víspera del año nuevo,

Nian salía a la superficie y devoraba el grano, animales y personas de la aldea vecina. Su plato favorito eran los niños.
Los aldeanos vivían atemorizados por el monstruo. Nadie sabía cómo deshacerse de él, así que hacían lo único que podían,

esconderse en las montañas.
Una víspera de Año Nuevo, llegó un desconocido al pueblo. Era un anciano, con una larga barba canosa.

Tenía un aspecto muy saludable, así que una vieja lo avisó. Le dijo que se fuera a esconder, que el Nian estaba a punto de llegar y lo devoraría.
El forastero, a modo de respuesta, la tranquilizó, y le pidió hospedaje en su casa para la noche, afirmando conocer el modo para domar a la fiera.
Llegó la noche, y Nian apareció, hambriento y deseoso de saciarse con los aldeanos. Se acercó a casa de la anciana, donde el sabio forastero lo estaba

esperando. El monstruo se paró en seco a la vista de un papel rojo que colgaba en la puerta. A continuación, la noche explotó, y Nian pareció quedarse

sordo y ciego por el estrépito de petardos y fuegos artificiales. La casa se iluminó de repente, y el forastero apareció de detrás de la puerta,

vestido completamente de rojo. La bestia huyó aterrorizada, de vuelta al mar.
Cuando los aldeanos regresaron a sus hogares, encontraron al forastero sano y salvo, y le pidieron que compartiera con ellos su secreto.

Entonces les dijo que el color rojo, las luces brillantes y el estruendo eran las tres cosas que había asustado a la bestia.
Los aldeanos siguieron las instrucciones del sabio forastero, y Nian nunca regresó.
Así, se ha convertido en tradición entre los chinos pegar en la puerta dísticos escritos en papel rojo durante la Fiesta de la Primavera.

Las calles vibran al ritmo de tambores y del crepitar de los fuegos artificiales. Se encienden farolillos y se pasean por las calles, y los demonios corren

atemorizados. Con las celebraciones del Año Nuevo, la gente supera a Nian, o, como se dice en chino, "guo nian".

 

Habéis visto nacer el Año Nuevo? ¡El año nuevo nace en el Cerro de la Bufa! ¿No lo creéis? Os voy a contar cómo. El Cerro de la Bufa es, en su interior, una gruta inmensa. Si algún día lográis encontrar la puerta secreta que existe en el Crestón y entráis por una larga escalinata de mármol, os daréis cuenta de que en el interior del Cerro de la Bufa existe un palacio extenso y bellísimo. El piso está hecho de plata. Grandes lozas del precioso metal lo cubren. Las paredes son todas de oro macizo y por todas partes brilla una luz intensa producida por la multitud de las piedras preciosas que cuelgan del techo. Del techo y de las paredes penden perlas, granates, diamantes, rubíes, que despiden luces blancas, azules, verdes, amarillas, rojas, y que dan al castillo un aspecto fantástico y extraño. Pero lo más importante es que el interior del Cerro de la Bufa está habitado. Millares de gnomos viven en él. ¿Sabéis lo que es gnomos? Los gnomos son los duendes, los fabricantes y los guardianes de los metales y de las piedras preciosas que hay en las minas. Son unos seres pequeñísimos, que apenas levantan cincuenta centímetros del suelo. Su piel es blanca, llevan una grande melena y poseen unos ojos pequeñísimos. Portan un gran bigote y una barba descomunal. Los gnomos son parientes de los enanos; de aquellos enanos amigos de Blanca Nieves. Y se visten como ellos. Con un gorro de color rojo, terminado en punta, y con un vestido de payaso. Pues bien la gruta del Cerro del Bufa está invadida por estos seres diminutos y exóticos. Y he aquí estos enanos tienen un encargo especial y muy delicado. Consagran su vida a cuidar, a alimentar y conservar los Años Nuevos.

Porque habéis de saber que en el interior del castillo hay gran salón de cristal. Algo así como el aparador muy grande de una tienda y dentro de ese salón de cristal los enanos tienen guardados a los Años Nuevos. Estos son unos niños hermosos, blancos, como el marfil, sonrosados, de cabello rubio y ensortijados, robustos. Y los gnomos los tienen guardados en pequeñas cajas,envueltos en algodón para que no mueran de frío. Y a todas horas los vigilan, los alimentan, los miman. Porque si los dejan morir, ya no habría Año Nuevo. Se acabaría el tiempo y se acabaría el mundo. Cada año cuando el mes de diciembre toca a las puertas de las casas de los hombres, los gnomos celebran, en el interior del palacio, una asamblea general. La junta es presidida por un enano más viejo. Y en esa reunión se discute cual de los Años Nuevos, encerrados en el salón de cristal, está mejor parado, más robusto, mejor dotado para echarlo al mundo. Los enanos gritan, opinan, objetan, se enfurecen, patalean, dan volteretas, hacen berrinches. Y finalmente, por medio de una votación secreta, eligen al Año Nuevo que habrá de salir a recorrer el mundo.

El día último del año es de gran fiesta dentro del castillo. ¡Hay que despedir al Año Nuevo que abandona el hogar paterno! Hay más luz que de costumbre. Los gnomos gritan y cantan. Brindan en diminutas copas, con néctares pétreos, por el huésped que se va. Colocan al elegido sobre un gran trono, en medio del castillo; todos giran a su alrededor en danzas frenéticas; se dicen los dirambos, las frases y los gritos anodinos. El enano más viejo entrega al Año Nuevo sonríe y se despide de todos. Mientras tanto acá afuera, en la ciudad pocas gentes se dan cuenta de lo que pasa. A las once cuarenta y cinco de la noche, en punto, una gran sombra atraviesa la ciudad y va a colocarse sobre el Crestón de la Bufa. Es el Año Viejo que regresa de su correría prolongada. Es un viejo largo inmenso, que parece, llegar hasta las estrellas; se nota enjuto y encorvado; sus vestidos parecen sucios y desgarrados; el cabello y la barba son largos, blanquísimos y desmelenados y se aprecian sucios por el polvo de los caminos.

El viejo trae en sus manos lánguidas un bordón, una alforja vacía y una lampara de petróleo. ¡Es el Año viejo que ha regresado de su largo viaje! Pero ¡oh, que milagro!: cuando suena la última campanada de las doce de la noche en reloj de Catedral, el Cerro de la Bufa se ilumina con un resplandor vivísimo, como si hubiera encendido en él una hoguera gigantesca. Luego se levanta el peñasco enorme que cubre la entrada del castillo. Del interior sale un resplandor más vivo todavía. Se escuchan himnos extraños. Se oye el eco de cánticos rarísimos. De pronto surge la gran visión. Llevado en peso por miles de enanos, aparece por encima de las rocas del Crestón, el “Año Nuevo”, radiante, coronado, bellísimo. Los gnomos lo elevan muy alto, hasta perderse de vista en la última estrella y allá lo abandonan para que inicie su gran caminata por el mundo.

En la ciudad las gentes bailan, brindan, gritan, se felicitan por la llegada del Año Nuevo y no se dan cuenta de que, en la gruta que está dentro del Cerro de la Bufa, los gnomos asisten conmovidos a los funerales solemnes del Año Viejo, que yace en el suelo, inmóvil para siempre.

 

La Fiesta de la Primavera es en China lo que las Navidades en occidente... el momento más feliz del año.

Se trata de la fiesta más señalada para los chinos en todo el mundo, también conocida como "Nian",

aunque no mucha gente sabe que Nian es el nombre de un monstruo de la mitología china. 
Había una vez una feroz criatura llamada Nian que vivía en las profundidades del mar.

El ser mitológico es retratado como mitad dragón, mitad unicornio. Según la leyenda, en la víspera del año nuevo,

Nian salía a la superficie y devoraba el grano, animales y personas de la aldea vecina. Su plato favorito eran los niños.
Los aldeanos vivían atemorizados por el monstruo. Nadie sabía cómo deshacerse de él, así que hacían lo único que podían,

esconderse en las montañas.
Una víspera de Año Nuevo, llegó un desconocido al pueblo. Era un anciano, con una larga barba canosa.

Tenía un aspecto muy saludable, así que una vieja lo avisó. Le dijo que se fuera a esconder, que el Nian estaba a punto de llegar y lo devoraría.
El forastero, a modo de respuesta, la tranquilizó, y le pidió hospedaje en su casa para la noche, afirmando conocer el modo para domar a la fiera.
Llegó la noche, y Nian apareció, hambriento y deseoso de saciarse con los aldeanos. Se acercó a casa de la anciana, donde el sabio forastero lo estaba

esperando. El monstruo se paró en seco a la vista de un papel rojo que colgaba en la puerta. A continuación, la noche explotó, y Nian pareció quedarse

sordo y ciego por el estrépito de petardos y fuegos artificiales. La casa se iluminó de repente, y el forastero apareció de detrás de la puerta,

vestido completamente de rojo. La bestia huyó aterrorizada, de vuelta al mar.
Cuando los aldeanos regresaron a sus hogares, encontraron al forastero sano y salvo, y le pidieron que compartiera con ellos su secreto.

Entonces les dijo que el color rojo, las luces brillantes y el estruendo eran las tres cosas que había asustado a la bestia.
Los aldeanos siguieron las instrucciones del sabio forastero, y Nian nunca regresó.
Así, se ha convertido en tradición entre los chinos pegar en la puerta dísticos escritos en papel rojo durante la Fiesta de la Primavera.

Las calles vibran al ritmo de tambores y del crepitar de los fuegos artificiales. Se encienden farolillos y se pasean por las calles, y los demonios corren

atemorizados. Con las celebraciones del Año Nuevo, la gente supera a Nian, o, como se dice en chino, "guo nian".

 

 

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